Ignacio, obispo de Antioquía, uno de los padres apostólicos de la Iglesia. Fue condenado a ser devorado por bestias salvajes en Roma.
En su viaje desde Antioquía hacia Roma, donde tendría lugar su ejecución, escribió siete epístolas. Cinco de ellas dirigidas a las comunidades cristianas, las otras dos tenían por destinatarios a Policarpo, obispo de Esmirna, y a la comunidad cristiana de su destino, Roma.
Estas cartas constituyen una importante fuente de información para conocer las creencias y organización de la Iglesia cristiana primitiva. Las escribió como advertencias contra las doctrinas heréticas, también proporcionan un claro retrato de la organización de la Iglesia como comunidad de fieles reunida en torno a la dirección de un obispo, asistido por presbíteros y diáconos.
La carta de Ignacio a Policarpo es la que trataremos en esta lectio. El obispo desde la realidad social y religiosa que vive escribe de una manera sencilla y humilde a Policarpo, exhortando al cumplimiento de una serie de normas cristianas. Da a conocer algo que está a la vista, algo que se vive en los diferentes lugares donde hay cristianos. No olvida la imagen de tantos que se comportan como verdaderos hijos de Dios. Este será el punto de partida del escrito, escribe a alguien que puede dirigir a una comunidad y que es capaz de orientar desde estas reglas de vida.
La acción de guiar no es fácil, no se duda que Ignacio pensó en Policarpo admirando su grandeza de obispo. El fin de tal trabajo es la dirección de los hombres a la salvación, la unidad es básica para caminar, pero para poder caminar es necesaria la sabiduría, la cual dirige a la persona y le ayuda a ser prudente. Llama a la práctica del amor tal como lo hizo Cristo, esta práctica será la garantía de las obras y acciones del ser humano.
Muchas serían las opiniones que cuestionan nuestro ser y actuar en la sociedad. Mencionamos algunas que nos ayudarán en el hoy de nuestra iglesia:
• Pertenecer a un grupo religioso determinado implica o exige un modelo de imagen a seguir, Cristo sin duda es la imagen para nuestro ser en el hoy de la sociedad, esta que camina en la oscuridad y que busca sin descanso esa luz de la presencia de Dios en la vida de otros.
• Se dice que todos estamos llamados a la santidad, esta nos lleva a la salvación. No es algo que pertenece a unos cuantos, sino que es universal. La buena dirección de la vida es la base que nos llevará a ganar “La gloria de Dios”.
• La unidad no solo se tiene que dar en una iglesia o en un país determinado, sino que es actividad para todos, la unidad en la iglesia llevará a la unidad de las familias y la unidad en las familias nos conducirá a la unidad de una nación.(obrad, luchad, sufrid, corred juntos)
• Todo actuar tiene como base el amor, este lo vemos en la persona de Jesús. Él nos llama a imitarle, sin perder de vista al otro que lucha y camina junto a mí.(Corrección fraterna)
LOS POBRES DE DIOS
¡Bienvenid@s a tod@s!
Bienvenidos, amigas y amigos que buscan caminos en la Teología... este blog propondrá opiniones, y métodos teológicos desde diversos enfoques carismas y experiencias particulares que podrían iluminar nuestro trabajo teológico. Estas reflexiones provienen de jóvenes religios@s y laicos que se encuentran en camino de formación, en estudios en el Instituto Superior de Estudios Teológicos "Juan XXIII" de Lima, Perú.
Te agradeceríamos tus comentarios y opiniones
En el Corazón de María
Mg. César Palomino Castro (docente)
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En el Corazón de María
Mg. César Palomino Castro (docente)
jueves, 9 de junio de 2011
Está la tradición al mismo nivel de las Escrituras Sagradas como fuente de la Revelación en la vida práctica de la Iglesia?
Nos hacemos esta pregunta por el hecho de que los fieles en su propia o compartida vida en la fe, recurren constantemente a las Sagradas Escrituras como una norma que rija sus vidas y les enseñe a vivir como cristianos auténticos, ejemplos vivos del propio Jesucristo, pero no toman en cuenta muchas veces, que hay una tradición viva en la Iglesia antes de que se Escribieran parte de las Sagradas Escrituras (N.T.) y sobre todo relacionadas al propio Evangelio (Jesucristo). Tal vez porque en la historia se ha dado más énfasis en la enseñanza de la Palabra de Dios (conocida como la Biblia), y porque muchos han cuestionado el proceder dentro del Magisterio de la Iglesia y en la propia Tradición legada por Cristo a sus Apóstoles y sucesores (Tradición Apostólica).
Objeciones: Empezaremos hablando sobre algunas personas que negaron el legado de Cristo dado a los Apóstoles y estos a su vez a sus sucesores (Obispos y presbíteros…):
1. Martín Lutero : Fue un gran teólogo en el Siglo XVI, Fraile de la Orden de los Agustinos Recoletos o reformados, de la Orden de San Agustín, un Padre de la Iglesia del Siglo IV. Lutero nació en un tiempo que se caracterizaba por la confusión y el oscurantismo, época de descontentos e incertidumbres para los hombres, sobre todo para aquellos hombres que tenían mucha fe. Él conoció el efecto desastroso de la venta de las Indulgencias (perdones concedidos por la Iglesia a causa de los pecados), indignado por ello se sintió motivado a escribir sus “95 Tesis”.
En sus Tesis Lutero no sólo ataca las indulgencias, sino a aquellos quienes las concedían, el Magisterio de la Iglesia, negando la tradición de la misma y el propio valor que tenía como legado dejado por el mismo Cristo a sus Apóstoles. Él niega la institución divina del primado (lo considera una institución humana); rechaza todo Magisterio de la Iglesia y su inefabilidad, quedando únicamente para él la Biblia (llamada la doctrina de la sola fe), como una única fuente de la Revelación es decir de lo Trasmitido por Dios y Jesucristo.
2. Los Protestantes: A raíz de lo acontecido por Lutero en el Siglo XVI muchos otros hombres, entre ellos teólogos de renombre, se sumaron a la causa de Martín L; como Juan Calvino , teólogo francés que también niega la Autoridad de la Iglesia de Roma en la Cátedra de Pedro; Ulrico Zuinglio , fundador de la Iglesia reformada Suiza, también niega la Cátedra de Pedro y sólo se limita enseñar el Evangelio desde las Sagradas Escrituras (biblia). Para ello la Biblia fue traducida a Lengua vernácula, para ser leída y enseñada por el pueblo (fieles cristianos).
En Cambio hablar del Magisterio es hablar de la Cátedra de Pedro y el legado de Cristo dado a la Cabeza de la Iglesia en su ausencia (Mt 16,18-19), para que la rija y la gobierne bajo la guía de su Espíritu (Mt 28, 18-20), el Espíritu Santo.
Solución: La Dei Verbum nos enseña en su nº 8 que en la Sagrada Escritura está de forma especial lo predicado por los apóstoles, y debía conservarse por una sucesión en el tiempo, por esto lo que ellos recibieron lo comunicaron y esto les sirvió para corregir a los fieles, para conservar las tradiciones que han aprendido. En esta tradición de los apóstoles está todo lo necesario para que el pueblo de Dios viva santamente y crezca en la fe; por eso en su doctrina, en su vida, y en su culto conmemora y comunica a todas las generaciones lo que es su fe.
Mencionar la Tradición de los Apóstoles es pronunciar a la Tradición viva de la Iglesia; “la Iglesia que recibe esta predicación y esta fe (de los apóstoles), a pesar de estar diseminada en el mundo entero, la guarda con cuidado, como si habitase en una casa única; cree igualmente a todo esto, como quien tiene una sola alma y un mismo corazón; y predica todo esto con una sola voz, y así lo enseña y trasmite como si tuviese una sola boca”.
Esto lo reafirma la Dei Verbum: “Tanto la Escritura como la Tradición proceden de una misma revelación y a la vez apuntan a un mismo fin, por eso están unidos y compenetrados. Por eso la Iglesia no obtiene su certeza de las cosas reveladas sólo de las Sagradas Escrituras y ambas deben ser veneradas con la misma piedad” . Y lo deja sentado en su Nº 10: “Ambas constituyen un solo depósito de la Palabra de Dios y el encargo de interpretarla de manera adecuada y auténtica le compete al Magisterio vivo de la Iglesia, y lo hacen ejerciendo la autoridad en nombre de Jesús” .
El Concilio ecuménico de Trento selló el canon Bíblico y dejó sentado la autoridad del Magisterio para interpretarla. Vaticano II ratifica exponiendo: “El Magisterio no se ubica por encima de la Palabra de Dios sino que enseña lo que se ha transmitido y sirve a ella oyéndola con piedad, cuidándola con exactitud y la expone con fidelidad y de este depósito de la fe saca lo que se tiene que creer como la revelación divina. La Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio según la voluntad de Dios están unidos de tal manera que no tiene consistencia uno sin el otro”.
Respuesta a las Objeciones:
Respuesta 1: Martín Lutero olvida que en la propia escritura; el Señor Jesús le deja la potestad a Pedro de gobernar (Mt 16, 18); y le da toda autoridad sobre la misma (Mt 16, 19); entonces si Lutero niega la Tradición Apostólica, como Tradición viva de la Iglesia y niega las la propia tradición olvidando que todo lo vivido intentó plasmarse por escrito y sólo una parte fue redactado en las Sagradas Escrituras, se está contradiciendo porque olvida esta cita bíblica y por ello este mandato.
San Cipriano nos dirá al respecto: “El Señor habla a San Pedro y le dice: “Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella…” Y aunque a todos los apóstoles confiere igual potestad después de su resurrección y les dice: “Así como me envió el Padre, también os envío a vosotros. Recibid el Espíritu Santo. Si a alguno perdonareis los pecados, le serán perdonados; si alguno se los retuviereis, le serán retenidos”, sin embargo, para manifestar la unidad estableció una cátedra, y con su autoridad dispuso que el origen de esta unidad empezase por uno. Cierto que lo mismo eran los demás Apóstoles que Pedro, adornados con la misma participación de honor y potestad, pero el principio dimana de la unidad. A Pedro se le da el primado, para que se manifieste que es una la Iglesia de Cristo…El que no tiene esta unidad de la Iglesia ¿cree tener fe?.. El que se opone y resiste a la Iglesia, ¿Tiene la confianza de encontrarse dentro de la Iglesia?
Respuesta 2: A los Protestantes les respondemos lo mismo; esto no vino sólo con el Nuevo testamento lo de dar autoridad y reconocer sucesores, esto viene desde el antiguo testamento; lo dirá por ello San Clemente (Sucesor en la Cátedra de Pedro) : “Los apóstoles nos evangelizaron de parte del Señor Jesucristo y Jesucristo fue enviado de parte de Dios. Así pues, Cristo viene de Dios, y los apóstoles de Cristo. Una y otra cosa se hizo ordenadamente por designio de Dios. Los apóstoles, después de haber sido plenamente instruidos, con la seguridad que les daba la resurrección de nuestro Señor Jesucristo y creyendo en la palabra de Dios, salieron, llenos de la certidumbre que les infundió el Espíritu Santo, a dar la alegre noticia de que el reino de Dios estaba para llegar. Y así, según que pregonaban por lugares y ciudades la buena nueva y bautizaban a los que aceptaban el designio de Dios, iban estableciendo a los que eran como primeros frutos de ellos, una vez probados en el Espíritu, como obispos y diáconos de los que habían de creer. Y esto no era cosa nueva, pues ya desde mucho tiempo atrás se había escrito acerca de los obispos y diáconos. En efecto, la Escritura dice en cierto lugar: «estableceré a sus obispos (episkopoi) en justicia, y a sus diáconos (diakonoi) en la fe» (Is 60, 17) ss”.
Y frente a las dudas de si procedía de institución divina, el cual no era aceptada, San Clemente responderá: Los Apóstoles nos anunciaron el Evangelio de parte del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado de parte de Dios. Así pues, Cristo de parte de Dios, y los Apóstoles de parte de Cristo. Los dos envíos sucedieron ordenadamente conforme a la Voluntad divina. Por tanto, después de recibir el mandato, plenamente convencidos por la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y confiados en la Palabra de Dios, con la certeza del Espíritu Santo, partieron para anunciar que el Reino de Dios iba a llegar. Consiguientemente, predicando por comarcas y ciudades establecían sus primicias, después de haberlos probado por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que iban a creer (...). Y nuestros Apóstoles conocieron por medio de Nuestro Señor Jesucristo que habría discordias sobre el nombre del obispo. Puesto que por esta causa tuvieron un perfecto conocimiento establecieron a los ya mencionados y después dieron norma para que, si morían, otros hombres probados recibiesen en sucesión su ministerio.
Los guardianes legendarios
Objeciones: Empezaremos hablando sobre algunas personas que negaron el legado de Cristo dado a los Apóstoles y estos a su vez a sus sucesores (Obispos y presbíteros…):
1. Martín Lutero : Fue un gran teólogo en el Siglo XVI, Fraile de la Orden de los Agustinos Recoletos o reformados, de la Orden de San Agustín, un Padre de la Iglesia del Siglo IV. Lutero nació en un tiempo que se caracterizaba por la confusión y el oscurantismo, época de descontentos e incertidumbres para los hombres, sobre todo para aquellos hombres que tenían mucha fe. Él conoció el efecto desastroso de la venta de las Indulgencias (perdones concedidos por la Iglesia a causa de los pecados), indignado por ello se sintió motivado a escribir sus “95 Tesis”.
En sus Tesis Lutero no sólo ataca las indulgencias, sino a aquellos quienes las concedían, el Magisterio de la Iglesia, negando la tradición de la misma y el propio valor que tenía como legado dejado por el mismo Cristo a sus Apóstoles. Él niega la institución divina del primado (lo considera una institución humana); rechaza todo Magisterio de la Iglesia y su inefabilidad, quedando únicamente para él la Biblia (llamada la doctrina de la sola fe), como una única fuente de la Revelación es decir de lo Trasmitido por Dios y Jesucristo.
2. Los Protestantes: A raíz de lo acontecido por Lutero en el Siglo XVI muchos otros hombres, entre ellos teólogos de renombre, se sumaron a la causa de Martín L; como Juan Calvino , teólogo francés que también niega la Autoridad de la Iglesia de Roma en la Cátedra de Pedro; Ulrico Zuinglio , fundador de la Iglesia reformada Suiza, también niega la Cátedra de Pedro y sólo se limita enseñar el Evangelio desde las Sagradas Escrituras (biblia). Para ello la Biblia fue traducida a Lengua vernácula, para ser leída y enseñada por el pueblo (fieles cristianos).
En Cambio hablar del Magisterio es hablar de la Cátedra de Pedro y el legado de Cristo dado a la Cabeza de la Iglesia en su ausencia (Mt 16,18-19), para que la rija y la gobierne bajo la guía de su Espíritu (Mt 28, 18-20), el Espíritu Santo.
Solución: La Dei Verbum nos enseña en su nº 8 que en la Sagrada Escritura está de forma especial lo predicado por los apóstoles, y debía conservarse por una sucesión en el tiempo, por esto lo que ellos recibieron lo comunicaron y esto les sirvió para corregir a los fieles, para conservar las tradiciones que han aprendido. En esta tradición de los apóstoles está todo lo necesario para que el pueblo de Dios viva santamente y crezca en la fe; por eso en su doctrina, en su vida, y en su culto conmemora y comunica a todas las generaciones lo que es su fe.
Mencionar la Tradición de los Apóstoles es pronunciar a la Tradición viva de la Iglesia; “la Iglesia que recibe esta predicación y esta fe (de los apóstoles), a pesar de estar diseminada en el mundo entero, la guarda con cuidado, como si habitase en una casa única; cree igualmente a todo esto, como quien tiene una sola alma y un mismo corazón; y predica todo esto con una sola voz, y así lo enseña y trasmite como si tuviese una sola boca”.
Esto lo reafirma la Dei Verbum: “Tanto la Escritura como la Tradición proceden de una misma revelación y a la vez apuntan a un mismo fin, por eso están unidos y compenetrados. Por eso la Iglesia no obtiene su certeza de las cosas reveladas sólo de las Sagradas Escrituras y ambas deben ser veneradas con la misma piedad” . Y lo deja sentado en su Nº 10: “Ambas constituyen un solo depósito de la Palabra de Dios y el encargo de interpretarla de manera adecuada y auténtica le compete al Magisterio vivo de la Iglesia, y lo hacen ejerciendo la autoridad en nombre de Jesús” .
El Concilio ecuménico de Trento selló el canon Bíblico y dejó sentado la autoridad del Magisterio para interpretarla. Vaticano II ratifica exponiendo: “El Magisterio no se ubica por encima de la Palabra de Dios sino que enseña lo que se ha transmitido y sirve a ella oyéndola con piedad, cuidándola con exactitud y la expone con fidelidad y de este depósito de la fe saca lo que se tiene que creer como la revelación divina. La Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio según la voluntad de Dios están unidos de tal manera que no tiene consistencia uno sin el otro”.
Respuesta a las Objeciones:
Respuesta 1: Martín Lutero olvida que en la propia escritura; el Señor Jesús le deja la potestad a Pedro de gobernar (Mt 16, 18); y le da toda autoridad sobre la misma (Mt 16, 19); entonces si Lutero niega la Tradición Apostólica, como Tradición viva de la Iglesia y niega las la propia tradición olvidando que todo lo vivido intentó plasmarse por escrito y sólo una parte fue redactado en las Sagradas Escrituras, se está contradiciendo porque olvida esta cita bíblica y por ello este mandato.
San Cipriano nos dirá al respecto: “El Señor habla a San Pedro y le dice: “Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella…” Y aunque a todos los apóstoles confiere igual potestad después de su resurrección y les dice: “Así como me envió el Padre, también os envío a vosotros. Recibid el Espíritu Santo. Si a alguno perdonareis los pecados, le serán perdonados; si alguno se los retuviereis, le serán retenidos”, sin embargo, para manifestar la unidad estableció una cátedra, y con su autoridad dispuso que el origen de esta unidad empezase por uno. Cierto que lo mismo eran los demás Apóstoles que Pedro, adornados con la misma participación de honor y potestad, pero el principio dimana de la unidad. A Pedro se le da el primado, para que se manifieste que es una la Iglesia de Cristo…El que no tiene esta unidad de la Iglesia ¿cree tener fe?.. El que se opone y resiste a la Iglesia, ¿Tiene la confianza de encontrarse dentro de la Iglesia?
Respuesta 2: A los Protestantes les respondemos lo mismo; esto no vino sólo con el Nuevo testamento lo de dar autoridad y reconocer sucesores, esto viene desde el antiguo testamento; lo dirá por ello San Clemente (Sucesor en la Cátedra de Pedro) : “Los apóstoles nos evangelizaron de parte del Señor Jesucristo y Jesucristo fue enviado de parte de Dios. Así pues, Cristo viene de Dios, y los apóstoles de Cristo. Una y otra cosa se hizo ordenadamente por designio de Dios. Los apóstoles, después de haber sido plenamente instruidos, con la seguridad que les daba la resurrección de nuestro Señor Jesucristo y creyendo en la palabra de Dios, salieron, llenos de la certidumbre que les infundió el Espíritu Santo, a dar la alegre noticia de que el reino de Dios estaba para llegar. Y así, según que pregonaban por lugares y ciudades la buena nueva y bautizaban a los que aceptaban el designio de Dios, iban estableciendo a los que eran como primeros frutos de ellos, una vez probados en el Espíritu, como obispos y diáconos de los que habían de creer. Y esto no era cosa nueva, pues ya desde mucho tiempo atrás se había escrito acerca de los obispos y diáconos. En efecto, la Escritura dice en cierto lugar: «estableceré a sus obispos (episkopoi) en justicia, y a sus diáconos (diakonoi) en la fe» (Is 60, 17) ss”.
Y frente a las dudas de si procedía de institución divina, el cual no era aceptada, San Clemente responderá: Los Apóstoles nos anunciaron el Evangelio de parte del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado de parte de Dios. Así pues, Cristo de parte de Dios, y los Apóstoles de parte de Cristo. Los dos envíos sucedieron ordenadamente conforme a la Voluntad divina. Por tanto, después de recibir el mandato, plenamente convencidos por la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y confiados en la Palabra de Dios, con la certeza del Espíritu Santo, partieron para anunciar que el Reino de Dios iba a llegar. Consiguientemente, predicando por comarcas y ciudades establecían sus primicias, después de haberlos probado por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que iban a creer (...). Y nuestros Apóstoles conocieron por medio de Nuestro Señor Jesucristo que habría discordias sobre el nombre del obispo. Puesto que por esta causa tuvieron un perfecto conocimiento establecieron a los ya mencionados y después dieron norma para que, si morían, otros hombres probados recibiesen en sucesión su ministerio.
Los guardianes legendarios
jueves, 26 de mayo de 2011
La encarnación del Verbo
LA ENCARNACIÓN DEL VERBO
¿QUIÉN FUE ATANASIO?
“El Padre de la Ortodoxia”, San Anastasio, es la gran figura de la Iglesia del S. IV. Defendió sin ceder a nada la Divinidad del Verbo Encarnado, por lo que fue llamado “columna de la verdadera Fe”. Nació en el año 295 en Alejandría de Egipto, ciudad que sería su sede episcopal. Allí recibió su formación, tanto literaria como filosófica.
“El Padre de la Ortodoxia”, San Anastasio, es la gran figura de la Iglesia del S. IV. Defendió sin ceder a nada la Divinidad del Verbo Encarnado, por lo que fue llamado “columna de la verdadera Fe”. Nació en el año 295 en Alejandría de Egipto, ciudad que sería su sede episcopal. Allí recibió su formación, tanto literaria como filosófica.
Por su inmensa estima de la vida ascética de los monjes del desierto y por el apoyo y orientación que le prestó, con su persona y con su pluma, mereció ser llamado “heraldo y teólogo del monacato naciente”
El año 319, a los 24 años, fue ordenado diácono por su Obispo, Alejandro, a cuyo servicio se entregó. Le acompañó como Secretario en el Concilio de Nicea. Atanasio, aún siendo un simple diácono, tuvo un influjo decisivo, aunque no espectacular, en las resoluciones del Concilio de Nicea (325)
El gran tema del Concilio fue la afirmación, frente a las sutilezas de herejía arriana, de la Divinidad del Verbo Encarnado, Jesucristo, que constituye el fundamento de la fe cristiana. El arrianismo fue, como lo calificó el escritor francés, Chateaubriand, el “gran asalto de la inteligencia a la naciente fe de los cristianos”.
Ya en los últimos años de su vida pudo gozar de una vida tranquila hasta su muerte que fue el 2 de mayo del 373 a los 78 años; todo su episcopado se lo pasó defendiendo a la iglesia de los arrianos.
Su doctrina se resume en los siguientes puntos: la Divinidad no solo es increada, sino ingénita (no engendrada) luego, el Logos – el Hijo de Dios – no podrá ser verdadero Dios. Dice Arrio, sobre, Jesús que fue una de las criaturas de Dios que fue creado de la nada y no de la sustancia divina. Jesucristo, el Verbo hecho hombre, era incapaz de redimir al hombre, privado de la amistad de Dios, por consecuencia del pecado. No había por tanto, encarnación de Dios, ni Redención del hombre. Esta doctrina era un producto típico del “racionalismo teológico”. Era la teoría del subordinacionismo llevado al extremo. En su Cristología proclama al Verbo Divino en tres ámbitos:
Eternamente unido al Padre.
Gobierna al mundo que ha creado con el Logos.
Vino en el tiempo oportuno.
Su importancia es universal pero es evidente que tomó un cuerpo de un hombre, individual, lo santificó, realizó milagros a través de él y lo ofreció en sacrificio.
ANTECEDENTES DE LA ENCARNACIÓN
Creación y caída del hombre.
Dios ha creado a través del Verbo todo el universo. Él dio el ser a las cosas de la nada. La creación del mundo y la formación de universo no surgieron espontáneamente y por azar (como los Epicúreos), sino que nos señala que una causa precedió a su creación, a partir de la cual es posible pensar que fue Dios quien ordenó y creó el universo. Como dice por medio de Moisés: “En un principio creó Dios el cielo y la tierra”
Dios es bueno, o mejor aún, es la fuente de toda bondad, y creo todos los seres de la nada mediante nuestro Señor Jesucristo, su propio Verbo. Entre estos seres, de todos los que existían sobre la tierra, tuvo especial piedad del género humano, viéndolo incapaz, según la ley de su propia naturaleza, de subsistir siempre, le concedió una gracia añadida: no se contentó con crear a los hombres, como con la tierra, sino que los creó a su imagen, haciéndoles partícipes del poder de su propio Verbo.
En la caída del hombre, podemos situarnos primeramente, y como referencia para esto el relato de Génesis 3; 1ss, que se muestra bien claro la caída del hombre, la falta y la desobediencia que tuvo al faltar al mandato de Dios A ello viene lo contrario podríamos decirlo así, la parte de la participación de Cristo, la promesa del Salvador, la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II nos da en cierta manera esa promesa del Salvador cuando nos dice: “Dios queriendo abrir el camino de la salvación con la promesa de la redención, envió a su Hijo, Al verbo eterno, que ilumina a todos los hombres para que vivieran entre ellos y les manifestara la intimidad con Dios”. (n. 4) Y una vez cumplida la promesa esta la verdadera garantía de la gracia del Verbo para obtener así la vida eterna.
LA REVELACIÓN DE LA DIVINIDAD DEL VERBO
El verbo vino por nosotros para salvarnos de nuestros pecados. Nosotros fuimos la causa de su encarnación y por nuestra salvación tuvo compasión de nacer y aparecer en un cuerpo humano. El hombre no permaneció como había nacido; es así que la muerte empezó a gobernar a los hombres, pues no hicieron caso al mandato, por ello les fue devuelto su naturaleza, de la misma manera que habían pasado de la nada al ser, era razonable que sufrieran con el tiempo la corrupción consecuente a su no existencia. Pues, el hombre es, por naturaleza, mortal, puesto que nació de la nada. Sin embargo, a pesar de nuestro actuar, la permanencia del hombre en el error, Dios nos garantizó una vida divina por la gracia del Verbo. Puesto que se entendiese como una despreocupación, por parte de Dios dejar al hombre perecer y no la bondad que lo caracteriza. Es así que el Verbo que había creado las cosas y que estas cayeron en la corrupción solo Él era capaz de recrear el universo y padecer por nosotros.
El Verbo se hizo hombre y murió por nosotros como ofrenda al Padre. Murió para que con su resurrección todos se apartaran de la corrupción. El Hijo tomó cuerpo humano y como era incorruptible revistió de incorruptibilidad a los hombres. Es así que el Verbo tiene lugar en el hombre más no la muerte. Esta gran obra convenía a la bondad de Dios, ya que es absolutamente bueno y no descuidó la estirpe de los hombres que Él había creado y que se encaminaba a la corrupción.
El año 319, a los 24 años, fue ordenado diácono por su Obispo, Alejandro, a cuyo servicio se entregó. Le acompañó como Secretario en el Concilio de Nicea. Atanasio, aún siendo un simple diácono, tuvo un influjo decisivo, aunque no espectacular, en las resoluciones del Concilio de Nicea (325)
El gran tema del Concilio fue la afirmación, frente a las sutilezas de herejía arriana, de la Divinidad del Verbo Encarnado, Jesucristo, que constituye el fundamento de la fe cristiana. El arrianismo fue, como lo calificó el escritor francés, Chateaubriand, el “gran asalto de la inteligencia a la naciente fe de los cristianos”.
Ya en los últimos años de su vida pudo gozar de una vida tranquila hasta su muerte que fue el 2 de mayo del 373 a los 78 años; todo su episcopado se lo pasó defendiendo a la iglesia de los arrianos.
Su doctrina se resume en los siguientes puntos: la Divinidad no solo es increada, sino ingénita (no engendrada) luego, el Logos – el Hijo de Dios – no podrá ser verdadero Dios. Dice Arrio, sobre, Jesús que fue una de las criaturas de Dios que fue creado de la nada y no de la sustancia divina. Jesucristo, el Verbo hecho hombre, era incapaz de redimir al hombre, privado de la amistad de Dios, por consecuencia del pecado. No había por tanto, encarnación de Dios, ni Redención del hombre. Esta doctrina era un producto típico del “racionalismo teológico”. Era la teoría del subordinacionismo llevado al extremo. En su Cristología proclama al Verbo Divino en tres ámbitos:
Eternamente unido al Padre.
Gobierna al mundo que ha creado con el Logos.
Vino en el tiempo oportuno.
Su importancia es universal pero es evidente que tomó un cuerpo de un hombre, individual, lo santificó, realizó milagros a través de él y lo ofreció en sacrificio.
ANTECEDENTES DE LA ENCARNACIÓN
Creación y caída del hombre.
Dios ha creado a través del Verbo todo el universo. Él dio el ser a las cosas de la nada. La creación del mundo y la formación de universo no surgieron espontáneamente y por azar (como los Epicúreos), sino que nos señala que una causa precedió a su creación, a partir de la cual es posible pensar que fue Dios quien ordenó y creó el universo. Como dice por medio de Moisés: “En un principio creó Dios el cielo y la tierra”
Dios es bueno, o mejor aún, es la fuente de toda bondad, y creo todos los seres de la nada mediante nuestro Señor Jesucristo, su propio Verbo. Entre estos seres, de todos los que existían sobre la tierra, tuvo especial piedad del género humano, viéndolo incapaz, según la ley de su propia naturaleza, de subsistir siempre, le concedió una gracia añadida: no se contentó con crear a los hombres, como con la tierra, sino que los creó a su imagen, haciéndoles partícipes del poder de su propio Verbo.
En la caída del hombre, podemos situarnos primeramente, y como referencia para esto el relato de Génesis 3; 1ss, que se muestra bien claro la caída del hombre, la falta y la desobediencia que tuvo al faltar al mandato de Dios A ello viene lo contrario podríamos decirlo así, la parte de la participación de Cristo, la promesa del Salvador, la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II nos da en cierta manera esa promesa del Salvador cuando nos dice: “Dios queriendo abrir el camino de la salvación con la promesa de la redención, envió a su Hijo, Al verbo eterno, que ilumina a todos los hombres para que vivieran entre ellos y les manifestara la intimidad con Dios”. (n. 4) Y una vez cumplida la promesa esta la verdadera garantía de la gracia del Verbo para obtener así la vida eterna.
LA REVELACIÓN DE LA DIVINIDAD DEL VERBO
El verbo vino por nosotros para salvarnos de nuestros pecados. Nosotros fuimos la causa de su encarnación y por nuestra salvación tuvo compasión de nacer y aparecer en un cuerpo humano. El hombre no permaneció como había nacido; es así que la muerte empezó a gobernar a los hombres, pues no hicieron caso al mandato, por ello les fue devuelto su naturaleza, de la misma manera que habían pasado de la nada al ser, era razonable que sufrieran con el tiempo la corrupción consecuente a su no existencia. Pues, el hombre es, por naturaleza, mortal, puesto que nació de la nada. Sin embargo, a pesar de nuestro actuar, la permanencia del hombre en el error, Dios nos garantizó una vida divina por la gracia del Verbo. Puesto que se entendiese como una despreocupación, por parte de Dios dejar al hombre perecer y no la bondad que lo caracteriza. Es así que el Verbo que había creado las cosas y que estas cayeron en la corrupción solo Él era capaz de recrear el universo y padecer por nosotros.
El Verbo se hizo hombre y murió por nosotros como ofrenda al Padre. Murió para que con su resurrección todos se apartaran de la corrupción. El Hijo tomó cuerpo humano y como era incorruptible revistió de incorruptibilidad a los hombres. Es así que el Verbo tiene lugar en el hombre más no la muerte. Esta gran obra convenía a la bondad de Dios, ya que es absolutamente bueno y no descuidó la estirpe de los hombres que Él había creado y que se encaminaba a la corrupción.
LA REVELACIÓN DE LA DIVINIDAD DEL VERBO MEDIANTE MILAGROS.
Jesús es el Verbo. Él es quien ordena y extiende su providencia hacia todo y en todo el universo, dando vida igualmente a todos, pero solamente en su Padre él está completo en todos los aspectos. De la misma manera también, al estar en el cuerpo humano y darle vida, daba vida igualmente a todas las cosas y a la vez nacía en todos y estaba fuera de todos.
El Verbo de Dios era capaz de actuar sobre el hombre, ya que no estaba atado al cuerpo, sino más bien lo dominaba, de tal manera que estaba en él y en cada ser Y esto era lo maravilloso, que a la vez vivía como un hombre y daba vida como Verbo al Universo y como Hijo estaba con el Padre. Por esta razón, la Virgen no sufrió al darle a luz, ni fue contaminado cuando estaba en el cuerpo, sino que él santificó el cuerpo.
Siendo como es invisible, se hace conocer mediante las obras de la creación; así, hecho hombre y no visible en un cuerpo, podría hacer conocer mediante sus obras que no es un hombre, sino la Potencia de Dios y su Verbo quien las opera. Las obras que lo daban a conocer como Hijo de Dios fueron: era capaz de dominar a los demonios y ahuyentarlos; curaba enfermedades, purificaba a los leprosos, hacía andar a los cojos, abría los oídos de los sordos, daba la vista a los ciegos. Todo esto era obra divina y evidencia que es el Señor. Nació solamente de una virgen, sin el concurso de un varón, transformó el agua en vino. Caminó sobre el mar y se paseó por él como por tierra. Dio de comer a tanta gente con poco alimento. No hay duda alguna que domina el universo. Los milagros realizados por Jesús por medio de su cuerpo tienen como finalidad que el hombre reconociera su divinidad y su providencia universal, sobre todo que de esa forma daba a conocer la compasión del padre por cada uno de sus hijos
LA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y EL DON DE LA INCORRUPTIBILIDAD.
Jesús no permaneció invisible en la cruz. Quiso que vieran y den testimonio de ello. Su cuerpo no esperó mucho tiempo, sino que, habiéndose contentado con mostrarlo muerto después de su unión con la muerte, lo ha resucitado al tercer día. Si resucitaba inmediatamente se habría podido decir que no había muerto del todo y que la muerte no le había alcanzado por completo. Desde que el Salvador ha resucitado su cuerpo, la muerte ya no es temible; todos los que creen en Cristo arrojan a la muerte a los pies como si fuera nada y prefieren morir antes que negar de la fe de Cristo. Saben que al morir no perecen, sino que viven, y que la resurrección les volverá incorruptibles. Ya en su resurrección nos dice, que si él no habría resucitado de entre los muertos, entonces la fe cristiana no tendría validez, siendo que Jesús mismo declaró que resucitaría de entre los muertos al tercer día. Ya en los Evangelios nos corroboran sobre este hecho que para nosotros los cristianos debe ser importante y no debemos ante todo dejarlo a un lado, ya en Juan 2; 19-21 : “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré, Juan 10; 17 “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar, y así varios testimonios que nos dan fe de Cristo ha resucitado, aunque los judíos apunten lo contrario a la fe.
INFLUENCIAS EN NUESTRA VIDA
La obra de san Atanasio es importante, ya que nos enseña sobre la divinidad del Verbo del Padre, sobre su providencia y su poder universal: que el buen Padre ordena el universo por medio de Él y que el universo es movido por Él y en Él recibe la vida por su entrega por su salvación a una muerte y una muerte de cruz.
San Atanasio en su obra nos hace un llamamiento al final de su obra a un estudio de las sagradas Escrituras y a la vida recta, con un alma pura y virtuosa como Cristo.
San Atanasio nos dirige un mensaje sublime a nosotros, los hombres de finales de siglo XXI a ser fuertes en la fe y coherentes en la práctica de la vida cristiana incluso a costa de graves sacrificios.
El Verbo nació de una virgen; empezó a reinar y vencer a los enemigos Solo él era capaz de curar, resucitar, de hacer que un cojo caminase y que un ciego recuperara la vista. Murió en la cruz. Es el Santo de los santos. Todas estas señales evidencian que Jesús es el Verbo de Dios y que vino para que todos tengamos una vida inmortal y la tengamos en abundancia.
Fuentes bibliográficas:
SAN ATANASIO. La Encarnación de Verbo. Editorial Cuidad Nueva, Madrid- España, 1989, Págs. 113.
Sagrada Biblia.
www.statveritas.com
Documentos completos del Concilio Vaticano II. Declaración Dogmática “Dei Verbum”.
Bernardino, Ángelo. Diccionario Patrístico y de la antigüedad Cristiana, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1991, Pág. 260-264.
Jesús es el Verbo. Él es quien ordena y extiende su providencia hacia todo y en todo el universo, dando vida igualmente a todos, pero solamente en su Padre él está completo en todos los aspectos. De la misma manera también, al estar en el cuerpo humano y darle vida, daba vida igualmente a todas las cosas y a la vez nacía en todos y estaba fuera de todos.
El Verbo de Dios era capaz de actuar sobre el hombre, ya que no estaba atado al cuerpo, sino más bien lo dominaba, de tal manera que estaba en él y en cada ser Y esto era lo maravilloso, que a la vez vivía como un hombre y daba vida como Verbo al Universo y como Hijo estaba con el Padre. Por esta razón, la Virgen no sufrió al darle a luz, ni fue contaminado cuando estaba en el cuerpo, sino que él santificó el cuerpo.
Siendo como es invisible, se hace conocer mediante las obras de la creación; así, hecho hombre y no visible en un cuerpo, podría hacer conocer mediante sus obras que no es un hombre, sino la Potencia de Dios y su Verbo quien las opera. Las obras que lo daban a conocer como Hijo de Dios fueron: era capaz de dominar a los demonios y ahuyentarlos; curaba enfermedades, purificaba a los leprosos, hacía andar a los cojos, abría los oídos de los sordos, daba la vista a los ciegos. Todo esto era obra divina y evidencia que es el Señor. Nació solamente de una virgen, sin el concurso de un varón, transformó el agua en vino. Caminó sobre el mar y se paseó por él como por tierra. Dio de comer a tanta gente con poco alimento. No hay duda alguna que domina el universo. Los milagros realizados por Jesús por medio de su cuerpo tienen como finalidad que el hombre reconociera su divinidad y su providencia universal, sobre todo que de esa forma daba a conocer la compasión del padre por cada uno de sus hijos
LA RESURRECCIÓN DE CRISTO Y EL DON DE LA INCORRUPTIBILIDAD.
Jesús no permaneció invisible en la cruz. Quiso que vieran y den testimonio de ello. Su cuerpo no esperó mucho tiempo, sino que, habiéndose contentado con mostrarlo muerto después de su unión con la muerte, lo ha resucitado al tercer día. Si resucitaba inmediatamente se habría podido decir que no había muerto del todo y que la muerte no le había alcanzado por completo. Desde que el Salvador ha resucitado su cuerpo, la muerte ya no es temible; todos los que creen en Cristo arrojan a la muerte a los pies como si fuera nada y prefieren morir antes que negar de la fe de Cristo. Saben que al morir no perecen, sino que viven, y que la resurrección les volverá incorruptibles. Ya en su resurrección nos dice, que si él no habría resucitado de entre los muertos, entonces la fe cristiana no tendría validez, siendo que Jesús mismo declaró que resucitaría de entre los muertos al tercer día. Ya en los Evangelios nos corroboran sobre este hecho que para nosotros los cristianos debe ser importante y no debemos ante todo dejarlo a un lado, ya en Juan 2; 19-21 : “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré, Juan 10; 17 “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar, y así varios testimonios que nos dan fe de Cristo ha resucitado, aunque los judíos apunten lo contrario a la fe.
INFLUENCIAS EN NUESTRA VIDA
La obra de san Atanasio es importante, ya que nos enseña sobre la divinidad del Verbo del Padre, sobre su providencia y su poder universal: que el buen Padre ordena el universo por medio de Él y que el universo es movido por Él y en Él recibe la vida por su entrega por su salvación a una muerte y una muerte de cruz.
San Atanasio en su obra nos hace un llamamiento al final de su obra a un estudio de las sagradas Escrituras y a la vida recta, con un alma pura y virtuosa como Cristo.
San Atanasio nos dirige un mensaje sublime a nosotros, los hombres de finales de siglo XXI a ser fuertes en la fe y coherentes en la práctica de la vida cristiana incluso a costa de graves sacrificios.
El Verbo nació de una virgen; empezó a reinar y vencer a los enemigos Solo él era capaz de curar, resucitar, de hacer que un cojo caminase y que un ciego recuperara la vista. Murió en la cruz. Es el Santo de los santos. Todas estas señales evidencian que Jesús es el Verbo de Dios y que vino para que todos tengamos una vida inmortal y la tengamos en abundancia.
Fuentes bibliográficas:
SAN ATANASIO. La Encarnación de Verbo. Editorial Cuidad Nueva, Madrid- España, 1989, Págs. 113.
Sagrada Biblia.
www.statveritas.com
Documentos completos del Concilio Vaticano II. Declaración Dogmática “Dei Verbum”.
Bernardino, Ángelo. Diccionario Patrístico y de la antigüedad Cristiana, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1991, Pág. 260-264.
Autores: "Los Discípulos del encarnado"
El cántico de las criaturas
EL CÁNTICO DE LAS CRIATURAS
Altísimo, omnipotente, buen Señor; tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, corresponden
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día y por el cual nos alumbras
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti, altísimo, lleva significación.
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado luminosas, y preciosas, y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el are, y el nublado, y el sereno, y todo tiempo,
por el cual a todas tus criaturas das sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es útil, y humilde, y preciosa, y casta.
Loado seas mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y él es bello, y alegre, y robusto, y fuerte.
Loado seas, mi Señor, por nuestra la hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y nos gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
Ronald Nieves Mendoza
Antonio Fernández Carrillo
Benedicto Aimani Inuma
José Alan Vargas
Altísimo, omnipotente, buen Señor;
A ti solo, Altísimo, corresponden
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día y por el cual nos alumbras
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti, altísimo, lleva significación.
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado luminosas, y preciosas, y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el are, y el nublado, y el sereno, y todo tiempo,
por el cual a todas tus criaturas das sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es útil, y humilde, y preciosa, y casta.
Loado seas mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y él es bello, y alegre, y robusto, y fuerte.
Loado seas, mi Señor, por nuestra la hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y nos gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que la sufren en paz,
Pues por ti, Altísimo, coronados serán.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueren en pecado mortal!
Bienaventurados aquellos a quienes encontrará
en tu santísima voluntad,
pues la muerte segunda no les hará mal.
Load y bendecid a mi Señor
Y dadle gracias y servidle con gran humildad.
-AUTOR: San Francisco de Asís
-GÉNERO: Poema.
La presente obra de San Francisco, considerado uno de los poemas más antiguos de la lengua italiana, fue compuesta el año 1226. Fue escrita en italiano umbro, lengua vulgar italiana propio de su tiempo. El cantico de las criaturas esta desarrollado básicamente en un lenguaje simbólico en su totalidad.
La división estructural le podemos dividir de la siguiente manera: una introducción, tres secciones centrales y una conclusión.
*Introducción: I-Exaltación de Dios vv.1-2
a. Criaturas de lo alto II-el sol vv.3-4
Criaturas de la tierra III-la luna y las estrellas v.5
b. Criaturas de la tierra IV- el viento v.6
V- el agua v.7
VI- el fuego v.8
VII- la tierra v.9
c. El hombre VIII-la paz vv.10-11
IX- la muerte vv-12-13
*Conclusión. X- Recopilación v.14
Se dice, que Francisco escribió este texto, casi en la fase final de su vida. (1226), prácticamente, a las puertas de la muerte; enfermo y adolorido, triste y angustiado. Pero a las vez, celebrando y gozando, viviendo y cantando, de ante mano, el gran encuentro con el Padre, el Dios altísimo y omnipotente, que tantas veces cantó en su interior. Además, debemos hacer mención el conflicto que protagonizaron el obispo y el podestá de la ciudad de Asís, que motivaron la composición del estribillo sobre la paz que debía reinar en la vida de los creyentes.
San Francisco, al momento de escribir este bello cántico, estaba lleno de espiritualidad que rebosaba su ser. Este gran regalo del Padre tenía que ser agradecido. Y qué única forma de cantar las grandezas del Dios amor.
Aquí él nos remite al gran amor que Dios nos tiene por medio de la creación, de las criaturas que nos rodean, en sí toda la creación que nos muestra la gran omnipotencia y bondad del Señor, y que nosotros también estamos llamados a alabarle.
Francisco tuvo frente a la naturaleza una actitud cautivante y destacada. Su sensibilidad lo hacía vibrar de gozo y alegría ante el paisaje de las montañas, valles, ríos y ante la belleza de las flores, los animales y los seres inanimados. Donde los demás seguían de largo él se detenía a contemplar, en lo hondo, una huella del amor del Padre. Respetaba y amaba a los reptiles, aves y demás criaturas sensibles e insensibles.
Sufría intensamente al ver talar árboles o cortar flores. Por ello enseñó a obtener leña sin cortar todo el árbol para que brotara nuevamente; a dejar espacio en la huerta para el barbecho, permitiendo el libre crecimiento de hierbas y flores silvestres. Trataba con delicadeza a los animales, recogía del camino a los gusanillos y los colocaba donde no corrieran peligro de ser pisados; ponía vino y miel junto a las colmenas para que las abejas no murieran de hambre durante el invierno; tenía predilección por los corderos -a los que acariciaba tiernamente- y los pájaros. Para él la naturaleza era motivo de alegría, encuentro fraternal y acercamiento a Dios, no objeto útil ni campo permitido para la ambición incontrolada. Sentía que los prodigios cotidianos no cesaban ni en la noche. El sol, la luna, las estrellas, las plantas, los animales y el paisaje eran testigos de ello.
Ya que Dios nos hizo co-participes de la creación, nos hizo responsables de ella. Nos la encargó para cuidarla no para explotarla, no para verla como uso comercial, ni para nuestra propia conveniencia ya que ella tiene vida, y es por decirlo así como un niño que hay que cuidar y proteger.
A sus contemporáneos les quiere explicar que es posible llenarnos del amor de Dios contemplando la naturaleza, que cada criatura es nuestra hermana y hermano y que no tenemos el mínimo derecho de ocasionarle daño.
Que es posible un diálogo con ella, sólo tenemos que dejarnos seducir por ella, ya que la creación en sí no es mala ya que nosotros los seres humanos formamos parte de ella, hermanarnos con ella, y también reconciliarnos con ella.
Dos años después de celebrarse el 750 aniversario de la muerte de Francisco, el Papa Juan Pablo II, el 29 de noviembre del año del Señor 1979, declara, en Bula “Inter Sanctos”, a San Francisco de Asís “Celestial patrono de los ecologistas”.
Los pueblos y las civilizaciones necesitan de modelos. La fe de Francisco en el origen común de las cosas puede dar mucha luz y servir de guía en las relaciones con el cosmos. Su concepción del mundo, el respeto y la alta significación que daba a las criaturas, lo hacen un extraordinario hombre que se anticipó a los problemas ambientales de nuestra época.
Los especialistas dicen que una concepción realista del medio ambiente le asigna al hombre la tarea de administrar con inteligencia los bienes de la tierra, para lo cual se hace indispensable la investigación científica, la tecnología y la intervención activa del hombre. Hoy a nada de esto se negaría Francisco, aunque estaría con la Iglesia en condenar toda manipulación indebida y todo antropocentrismo unitario, egoísta y posesivo. Se opondría asimismo a la degradación de la biósfera y a ciertas prácticas escandalosas y absurdas como la masacre sistemáticas de animales, tala temeraria de bosques, la contaminación progresiva de la atmósfera y de las aguas.
El medio ambiente en que vivimos es un don de Dios para todos y su uso representa una responsabilidad. La naturaleza es expresión de un proyecto de amor por parte de Dios a la humanidad, por lo tanto, nuestro compromiso con lo creado debe ser el reflejo de un ser que corresponde a ese amor que Dios nos tiene. Como cristianos, estamos llamados a descubrirnos criaturas de un solo Dios. La naturaleza y nosotros fuimos creados, en consecuencia, somos hijos y hermanos de un mismo Padre.
Esta dimensión fraterna de la naturaleza, la supo descubrir perfectamente San Francisco de Asís. En el itinerario de su vida, llamaba a todas las criaturas hermano y hermana. Trataba a la naturaleza con sumo respeto y veneración, y estaba totalmente convencido de ser parte de una creación que aclama a un solo Dios ¡Abbá-Padre¡ Es el pan-en-teísmo, como enfatiza Leonardo Boff, que reclama la relación entre Dios y su criatura, todo no es Dios pero Dios está en todo. Esto nos permite abrazar el universo con sumo afecto porque abrazamos al propio Dios.
En la actualidad se hace necesario redescubrir la figura del Pobrecillo de Asís. La carrera armamentista y nuclear, la contaminación ambiental, la explotación desmedida de los recursos naturales y el libre mercado, hacen de la naturaleza un simple depósito inanimado de recursos. Aquella que está puesta para la sola satisfacción de la voracidad del hombre. De muchas maneras se puede faltar el respeto a la creación, pero el más ofensivo es la explotación irracional y abusiva de ella. Si el hombre no logra parar aquella depravación interior, el impacto ecológico interno que el mismo se lo está produciendo, difícilmente podrá lograr una armonía con la ecología exterior.
La originalidad san Francisco reside, justamente, en el hecho de haber conseguido esta síntesis feliz entre ecología interior y ecología exterior, punto de origen de una fascinante mística cósmica.
El hombre, sin lugar a dudas, está autorizado para extraer de la tierra lo necesario para subsistir, desarrollar su personalidad y cumplir sus fines. Pero una cosa es cultivar la tierra, otra destruir el suelo; una cosa es cortar árboles; otra devastar y desmantelar indiscriminadamente los bosques.
A este nivel de vida y de conocimiento se debe considerar no solo la justicia social, que establece relaciones entre las personas, sino también la justicia social que implica relaciones equitativas entre seres humanos, otras criaturas y la misma tierra. La creación se entiende actualmente como un conjunto de seres en relación, no aislados sino en constante comunicación, como dirá Husserl.
Todos, pues, debemos unirnos para conservar y defender nuestro planeta, que es el hogar que Dios nos ha regalado. Destruir la naturaleza es un crimen y una gravísima falta de caridad para las generaciones futuras.
Ronald Nieves Mendoza
Antonio Fernández Carrillo
Benedicto Aimani Inuma
José Alan Vargas
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